Mítico bailaor, apasionado del cante y una enciclopedia viva del arte flamenco. Xavier Borrell visita al genio José de la Vega que desvela para www.elcampdeturia.com los motivos que le han llevado a escribir toda una biblia de un género milenario : "El Flamenco que viví".
José de la Vega autor de “El flamenco que viví” (Editorial Viceversa) ha sido durante gran parte de su vida bailarín profesional de flamenco, un baile del que se confiesa apasionado, siendo uno de los grandes expertos en su historia, sus palos, técnicas y mitos. Nunca ha perdido el contacto con las bases desde su prestigiosa academia en la que transmite su sabiduría y ahora la comparte con miles de lectores.
¿Cómo se le ocurrió hacer un libro sobre su carrera en el mundo de la danza?
Desde hacía mucho tiempo algo imperativo me acosaba a dejar plasmado en un libro el calor de mis vivencias y el gusto que he dado a mis retinas, como artista desde un escenario y como espectador sentado en un patio de butaca o en los gallineros de muchísimos teatros. Leyendo y releyendo el libro “Manolete, torero para olvidar una guerra” de Juan Soto Viñolo, momentos coetáneos con la Época Dorada del baile español, termina por despertar mi inquietud escritora.
Si el Flamenco me dio reconocimiento, éxitos, bienestar y un montón de amigos, mis lectores me dan la oportunidad de devolverles parte de este esplendor.
¿Qué parte le apasiona más del mundo en que ha vivido, la artística, la docente o la empresarial?
En las tres me he sentido muy realizado, nunca me abandonó la autocrítica y he ido de acuerdo con mi edad. Como bailarín-bailaor gocé mucho con los aplausos del respetable, supe dejar el baile antes de que el baile me dejara a mí. Como maestro di a mis alumnos toda mi sabiduría, he sido muy querido por ellos y viceversa. Aunque figurara en cartel como primera figura del espectáculo, nunca me sentí el empresario, ni por encima de los demás, cada cual fue siempre retribuido en proporción a lo que artísticamente aportaba. He servido al baile y el baile ha sido generoso conmigo.
¿Se siente un privilegiado al haber podido conocer y compartir escenario con grande leyendas del flamenco?
He sido muy afortunado al haberme dado más de un “codazo”, cuando empezaba, compartiendo escenarios con bailarines y bailarinas que después devinieron grandes estrellas. Por supuesto un gran privilegio fue el ser galardonado con el Premio Nacional de Teatro 1961, por mi coreografía de la Saeta, en la misma edición que se le concede a la eximia bailarina Pilar López.
¿Considera positiva la del flamenco fusión con otras músicas?
Si de algo sabe el Flamenco es de abrazos y maridajes. Si en su génesis el cante” fragüero” nace huérfano de compás con el que el pueblo gitano-andaluz expresa sus quejas, lamentos y protestas, su primera fusión se produce al hermanarse la Seguiriya con la guitarra. La conjunción del cante, el baile y el toque en los primeros Cafés Cantantes definirán los diferentes “palos” (ritmos) del Flamenco. Considero positivísima la fusión siempre que el Flamenco no pierda su esencia, pero, falta referencia a las nuevas generaciones, no se puede innovar sin conocer el pasado.
En ese pasado ¿hay escenarios imprescindibles?
Son muy importantes algunas ciudades como Barcelona, ya que son catalanes quienes impulsan grandes eventos flamencos como era la Feria de Abril de Sevilla o quienes hicieron de Barcelona una ciudad receptora de todas las corrientes artísticas. A mediados del siglo XlX se abre en Sevilla el primer Café cantante “El Café del Burrero” que coincide con la apertura del Gran Teatro del Liceo, los bailes andaluces están de moda y el programa se nutre de famosos artistas especialistas de este género.
¿Es cierto que Carmen Amaya cambió totalmente la forma de bailar de las mujeres?
La Amaya fue una bailaora irrepetible, como se puede apreciar en el celuloide, creó un estilo propio y todas las que quisieron imitarla cayeron en el ridículo, por lo tanto no ha dejado escuela. Se habla de la escuela sevillana, gaditana o granadina, pero, nunca de una escuela catalana habiendo nacido aquí uno de los monstruos sagrados del Flamenco. Soy uno de los agraciados que tuvieron la suerte de verla bailar personalmente repetidas veces, grafismo que ha quedado indeleble en mi memoria.
¿Qué hay de cierto en el dicho de que contra más famoso es un artista, más maniático se vuelve?
Pues sí, tengo la manía de lavarme las manos cuarenta veces al día. Herencia de la célebre cantaora Pastora Pavón “La Niña de los Peines”. No puedo dormir de noche ni a la horita de mi siesta si no me pongo tapones, aunque no hayan ruidos. Tampoco concilio el sueño sin apretarme los ojos con un pañuelo de cuello aunque la habitación esté a oscuras.
¿Hacia dónde se encamina en el futuro este baile?
Por suerte disponemos de grandes bailaoras y bailaores, no contaminados, que velan por la pureza de este arte. En este libro de Editorial Viceversa están sus nombres.
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"Si de algo sabe el flamenco es de abrazos y maridajes"




















