El éxodo del Rototom Sunsplash ha encontrado su ansiada tierra prometida. Y la Comunidad Valenciana vuelve a acoger a nuevos visitantes. Benicàssim no ha sido un lugar de paso sino la ciudad en la que los 'massives' han decidido asentarse tras marcharse, muy a su pesar, de su querida Italia.
La última noche del evento sirvió para confirmar las buenas sensaciones que se han ido desprendiendo a lo largo de los ocho días que ha durado. El año que viene, el festival de origen transalpino seguirá celebrándose en la localidad castellonense. Era de esperar. No sólo por las instalaciones, repletas durante todos los días, sino también por la adaptación de todo el entorno del Rototom. No se ha visto a nadie quejarse de nada (bueno, sí, de la zona de acampada pero ese problema parece que será subsanado en la próxima edición). Los conciertos marcaron el ritmo de los espectadores, ya fuera a ritmo de reggae o ska, con Sargento García, Morcheeba, Anthony B, Bob Andy o Alpha Blondy a la cabeza (hubo más, muchos más, y es injusto no nombrar a todos pero no tenemos más espacio). Pero no sólo de música sobrevivieron los incondicionales del evento benicense. Conferencias, cursillos de baile, concienciación social, gastronomía mundial… El listado no tiene fin. Era imposible aburrirse durante la visita al recinto. Quien lo hizo es porque estaba agotado y necesitaba dormir, no porque no encontrara algo con lo que entretenerse.
Benicàssim ya es el Rototom y viceversa. La simbiosis funciona. El próximo año asistiremos a una nueva edición de un festival que ha encontrado su nuevo hogar. En la entrada del recinto reza la letra de esta canción: “Sabemos de donde venimos, sabemos a dónde vamos. Estamos dejando Babilonia”. Lo cantó Bob Marley, y ahora, Babilonia está instalada en la costa valenciana.
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El Rototom se queda en Benicàssim




















